El Movimiento Nacional y Popular define su Fortaleza por la firmeza de su Conducción

Editoriales - #NuestraMirada 28 de noviembre de 2021 Por Jorge Rachid
Porque en este mundo se necesitan desactivar los mecanismos de dominación estructural, que condicionan cada uno de los aspectos de la vida institucional del país impidiendo el pleno ejercicio de la Soberanía nacional, que significa poder tomar decisiones sin depender de terceros involucrados.
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La construcción del Frente de Todos significó la necesidad de la conducción ampliada, de una herramienta electoral que abarcase a aquellos sectores dispersos y fragmentados del Movimiento Nacional, para enfrentar con éxito al neoliberalismo gobernante, objetivo que fue alcanzado con creces.

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Esta simple descripción trae las complejidades propias de una construcción electoral, con objetivos tácticos que postergó sin dudas la discusión plena de los caminos estratégicos a recorrer desde el Gobierno Nacional y Popular. Sí era claro que resolver los problemas de fondo, diseñados por un enemigo colonizador, que abarcó todos los aspectos de la vida institucional del país dando prioridad a lo coyuntural ya que las condiciones de vida difíciles de los argentinos y la situación macro económica estaban en un límite claro de diáspora social y default.

En el 2003 después de 20 años de dominación cultural y económica neoliberal, la asunción de Néstor Kirchner en condiciones de debilidad electoral con el 22% de los votos y sin 2° vuelta, provocada exprofeso por un enemigo planificador para evitar la acumulación de poder, apenas asumido recupera la identidad y la memoria del Movimiento Nacional, marcando hitos estratégicos y colocando el cuerpo a cada situación crítica que demanda la hora de gobernar. Una excepcional capacidad de compromiso y voluntad política en vencer dificultades y marcar sin pausa los objetivos estratégicos de la gestión, a la par de la necesaria convocatoria a la movilización y la militancia como respaldo explícito a la gestión y demostración de poder popular. La juventud y gran parte del pueblo volvió a la política y a creer en ella, a la cual el enemigo había tratado de enterrar desde el “Fin de la Historia” de Fukuyama.

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Es entonces necesario desplegar el mapa geopolítico de la situación internacional, para entender los tiempos políticos nacionales, ya que desde la Pandemia el mundo cambió los ejes de discusión, los actores protagónicos y las áreas de influencias, desde la guerra de las monedas hasta la geopolítica de las vacunas, del enfrentamiento al cambio climático y el calentamiento global a los nuevos mercados internacionales, en un devenir que hizo girar la mirada hacia el Oriente después de 5 siglos de hegemonía atlántica. Ese mundo Multipolar en crecimiento hacia el Oriente es buena noticia para la Humanidad, pero malos son los augurios para América Latina considerada su “patio trasero” por el gigante norteamericano, en su concepción colonizadora.

Porque este mundo descripto es el contexto cotidiano de las decisiones políticas, en las cuales se necesitan desactivar los mecanismos de dominación estructural, que condicionan cada uno de los aspectos de la vida institucional del país impidiendo el pleno ejercicio de la Soberanía nacional, que significa poder tomar decisiones sin depender de terceros involucrados, en éste caso por el endeudamiento con el FMI, la ofensiva del poder hegemónico sobre los gobiernos populares de nuestra región y las condiciones precarias de vida de nuestro pueblo, que fueron producto de 4 años de peste macrista y dos años pandémicos. Sin que estas reflexiones signifiquen una justificación ni una resignación, sí podemos decir que las decisiones políticas que se toman desde el Gobierno deben ser de la máxima efectividad posible, al menor costo social que se pueda, en el camino correcto, dada la angustia y alteración de vida de los argentinos desde hace 6 años.

Dice Benedetti en sus poemas y cantaba Zitarrosa: “nada hay más lento en su andar, que un pueblo construyendo su historia”, porque los pueblos tienen tiempos históricos y son el sujeto político que forja los nuevos paradigmas ante escenarios imprevistos, mientras que los militantes tenemos tiempos biológicos de ansiedades producto de nuestra finitud. Entonces entre el “deber ser” de la política y la construcción del colectivo de la Comunidad Organizada, está el espacio de la militancia, que promoviendo a los líderes sociales de cada territorio, gremio u organización social o política, es lo que permite la construcción de poder propio del campo nacional y popular.

Claro que esta mecánica que se realizó desde el peronismo, se fortaleció en la resistencia y se consolidó en los últimos 12 años de gobierno nacional y popular de Néstor y Cristina, siempre tuvo una conducción unívoca, con aciertos y con errores en cada etapa histórica, como lo demuestra el análisis retrospectivo del diario del lunes. Eso de ninguna manera disminuye su papel en la historia nacional, en donde quedarán sin dudas marcados a fuego por los avances producidos en el marco de la lucha por la Soberanía nacional, aunque no se haya alcanzado el grado necesario de consolidación definitiva estructural soberana, dada la asimetría de fuerzas con el enemigo colonizador. La misma que existe hoy en el cuadro de situación internacional descripto y que hace del Gobierno nacional un avance más lento y a veces de camino incierto ante el avance enemigo.

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Es el camino estratégico el eje al cual debemos avocarnos a preservar, sin exigencias de hechos prematuros, pero sin admitir abandonos definitivos de las demandas nacionales y populares de construcción de un modelo social y productivo solidario y biocéntrico, que permita democratizar el poder y humanizar la política, en el marco de la Comunidad Organizada con poder popular constitucionalmente respaldado. 
Es que la democracia está debilitada y en discusión en el mundo, aunque no se informe ni se mencione en los medios hegemónicos que han dejado de ser de comunicación y son jugadores de la mesa del poder, a la par de los Fondos Buitres supranacionales y los factores de poder local colonizados, que si no son identificados ante el pueblo nunca aparecen como responsables del vaciamiento de las riquezas nacionales. Identificar al enemigo entonces fortalece al Movimiento Nacional y permite su ampliación incorporando nuevos actores, masa crítica en sectores nacionales que aún imbuídos de la cultura neoliberal dominante del electoralismo sin pausa, que impide con ellos la discusión profunda de la problemática nacional.

Para pensar entonces donde estamos situados con ésta descripción y animarnos a obtener respuestas que nos lleven a formular propuestas antes que estigmatizar dirigentes, a todos los cuales los tenemos caracterizados y forman parte de ésta coalición, que tiene sin dudas una conducción en Cristina, que no sólo es referencia sino el aporte más importante del Movimiento Nacional, pero que no totaliza al conjunto, como lo expresó cuando construyó el Frente de Todos como expresión electoral. 

Pero del Movimiento Nacional forman parte los otros sectores desde el Presidente de la Nación al Frente Renovador, otros partidos aliados, pero también el movimiento obrero organizado en CGT y CTA, más el concurso organizado de los movimientos sociales, las organizaciones libres del pueblo como DDHH, Abuelas y Madres de Plaza de Mayo y muchas más, además de las agrupaciones políticas, surgidas al calor de la militancia y que en una fragmentación que se profundiza más en los procesos electorales y suelen olvidar al enemigo principal, privilegiando sus legítimas aspiraciones políticas de espacios propios. 

Pero entonces la pregunta es dónde está la conducción del conjunto, que sí se da y existe en el Gobierno Nacional cuando las decisiones se toman de consenso, pero no están como conducción cuando en la práctica cotidiana, en la lucha mediática y ante la ofensiva del enemigo, como lo observamos en la Guerra Pandémica, la repuesta aparece diluida, debilitada, y con una contraofensiva parcial, sectorial y falta de la emotividad que marque caminos estratégicos a recorrer. 

Ese desafío es la construcción de una conducción colectiva, que recuperando la memoria e identidad histórica del Movimiento Nacional, pueda estar fuera del juego de pequeñas luchas en los espacios de institucionales por los cuales se pugna sectorialmente debilitando al conjunto, desconociendo el marco totalizador del Gobierno, porque no existe gestión sin ideología ni ideología sin gestión y estas premisas deberían ser predicando y persuadiendo, mecanismos propios de una conducción estratégica. Esto es posible recuperando el Perón Filosófico, que sigue dando respuestas a las demandas de la hora, por ser como lo marca Francisco, una construcción del pensamiento americano, mestizo, moreno, criollo y profundo, que en ésta etapa de la Humanidad aparece como una respuesta necesaria a un mundo impregnado de economicismo financiero, basado en construcciones de pensamientos eurocéntricos, que transforman a los seres humanos en objetos.

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