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Editoriales - #NuestraMirada 24 de noviembre de 2021 Por Carlos Borgna
La relación de la política y el delito con sectores de la Policía, es un dato insoslayable. Hay empresas periodísticas que la asumen y sus trabajadores de prensa dicen y escriben lo que piensan, en otros casos, se llega al límite de contar los hechos, pero no mucho más.
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Mientras el contexto de crisis institucional en la Provincia implosionaba en las Cámaras Legislativas, en el Poder Judicial, y en el propio Ejecutivo conducido por Omar Perotti, y la ola de asesinatos, en el Departamento Rosario fundamentalmente, se incrementaba, comenzaron a sucederse una serie de atentados. Primero fue a edificios judiciales, luego a estaciones de servicios, con posterioridad escuelas y ahora, los ataques es a locales de comidas. En este último caso, los autores de los disparos, le pidieron a una persona que se corriera y tiraron: un mozo herido, una bala que hizo estallar la botella de vino que estaba consumiendo una pareja. Así de terriblemente sencillo es el relato de los medios rosarinos.

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Los periodistas locales, en sucesivos artículos, fueron señalando que en algunos casos dichas acciones tuvieron directa relación con exigencias, por ejemplo de mejores condiciones de vida en las cárceles, de determinados jefes narcos, en otros se señaló que estaban relacionados al no pago por parte de determinados comerciantes de un retorno, esa famosa cuota por protección que hizo mundialmente famosa la película El Padrino. Sin embargo en esta última opción, muchos empresarios han dejado en claro que jamás fueron intimidados en esta dirección y que no tienen deudas –varios de ellos- que lleve a pensar que la causa viene por allí.

La relación de la política y el delito con sectores de la Policía, es un dato insoslayable. Hay empresas periodísticas que la asumen y sus trabajadores de prensa dicen y escriben lo que piensan, en otros casos, se llega al límite de contar los hechos, pero no mucho más.

Los narcos y otras bandas tienen capacidad operativa para atentar en el micro y macrocentro de Rosario y darse a la fuga. Siguen sucediéndose los hechos y parece que la Policía no logra articular un sistema de cierre de zonas y barrios frente a delincuentes en fuga. Y esto no pasó, una, ni dos ni tres veces. Viene sucediendo desde hace meses. ¿Raro, no?

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Muchos consultados arriesgan a decir que estas acciones tienen como objetivo, sembrar el miedo, intimidar, que sería el paso previo, a un control territorial, aún mayor que el manejo de barrios enteros, kioskos, soldaditos y toda la logística que esta materia reconoce como esenciales para su funcionamiento.

En este marco la sinceridad es un elemento imprescindible. No se puede seguir batiendo el parche con que el despliegue de fuerzas federales, la famosa saturación es por sí sola, el punto de partida a un avance sustancial contra el delito, más allá de que se reconozcan logros puntuales, básicamente relacionados con la distribución de drogas.

En términos reales, el narcotráfico tiene capacidad militar para operar, pero la misma no debe imaginarse como un ejército uniformado que desfila por avenidas y espacios públicos. Y aunque todo parezca, en ese sentido, hechos espasmódicos de violencia, con algunos sicarios dando vueltas a los tiros, los muertos se siguen contando día a día, así como se cuenta la pobreza y los jóvenes sin laburo.

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